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Autoestima

«Yo lo que necesito son herramientas»: cuando saber qué hacer no basta

28 de julio de 20267 min de lectura
«Yo lo que necesito son herramientas»: cuando saber qué hacer no basta

«Yo lo que necesito son herramientas.»

Es una frase que escucho con frecuencia en consulta.

Herramientas para controlar la ansiedad. Para no pensar tanto. Para poner límites. Para no enfadarse. Para dormir mejor. Para saber qué hacer cuando aparece el miedo.

Y tiene todo el sentido quererlas.

Cuando algo nos hace sufrir, queremos saber qué hacer para dejar de sentirnos así. Buscamos una solución concreta, algo que podamos aplicar cuando las cosas se complican.

Pero quizá hay una pregunta que merece la pena hacernos:

¿Y si no se tratara solamente de encontrar herramientas, sino de comprender por qué las necesitamos?

No siempre necesitamos hacer más

Vivimos rodeados de consejos.

Respira.Medita.Haz ejercicio.Piensa en positivo.Pon límites.Aprende a decir que no.Escribe lo que sientes.

Muchas de estas recomendaciones pueden ser útiles. El problema aparece cuando sabemos perfectamente lo que «deberíamos hacer» y, aun así, no conseguimos hacerlo.

  • Sabemos que deberíamos decir que no, pero volvemos a decir que sí.
  • Sabemos que una relación nos hace daño, pero nos cuesta alejarnos.
  • Sabemos que no existe ningún peligro, pero sentimos ansiedad.
  • Sabemos que no tenemos que agradar a todo el mundo, pero seguimos sintiéndonos culpables cuando alguien se enfada con nosotros.

Entonces aparece otra frustración:

«Sé lo que tengo que hacer. ¿Por qué no puedo hacerlo?»

Y quizá ahí empieza una parte importante de la terapia.

Saber algo no siempre significa poder hacerlo

Nuestra cabeza puede comprender perfectamente una situación mientras nuestro cuerpo y nuestras emociones cuentan una historia diferente.

Puedes saber que estás a salvo y seguir sintiendo miedo. Puedes saber que tienes derecho a poner límites y sentir una culpa enorme cuando lo haces. Puedes saber que no eres responsable de las emociones de los demás y seguir intentando que todo el mundo esté bien.

Esto ocurre porque muchas de nuestras formas de reaccionar no nacieron ayer. Las hemos ido aprendiendo a través de nuestra historia, de nuestras relaciones y de las experiencias que hemos vivido. Algunas incluso fueron necesarias en algún momento.

Quizá estar pendiente de los demás te ayudó a evitar conflictos.

Quizá callarte fue más seguro que expresar lo que pensabas.

Quizá intentar hacerlo todo perfecto fue una manera de sentirte valorada.

Quizá controlar todo lo que ocurría te ayudaba a sentir menos miedo.

Lo que hoy vivimos como un problema pudo ser, en otro momento, una forma de protegernos. Por eso no siempre basta con decir: «Tienes que dejar de hacerlo.»

Primero necesitamos comprender por qué aprendimos a hacerlo.

Las herramientas no son recetas universales

En terapia sí aprendemos recursos. Podemos trabajar formas de regular la ansiedad, comprender nuestras emociones, poner límites, relacionarnos de otra manera con nuestros pensamientos o ayudar a nuestro cuerpo a recuperar la calma.

Pero una terapia no debería ser una caja de trucos que funciona igual para todo el mundo. Porque tú no eres igual que ninguna otra persona. Tu historia tampoco. Una técnica puede ayudar muchísimo a alguien y no servirle a otra persona en ese momento.

Por eso, antes de preguntarnos «¿Qué herramienta necesito?», a veces necesitamos preguntarnos:

  • «¿Qué me está pasando?»
  • «¿Por qué reacciono así?»
  • «¿Qué intenta proteger esta parte de mí?»

Cuando empezamos a comprenderlo, algo cambia.

Quizá ya tienes más herramientas de las que crees

Hay algo que me parece especialmente importante recordar: no llegamos a terapia vacíos. Llegamos con una historia, pero también con recursos.

  • Has atravesado momentos muy difíciles.
  • Has tomado decisiones.
  • Has pedido ayuda.
  • Has protegido a otras personas.
  • Has seguido adelante cuando pensabas que no podrías.
  • Has aprendido cosas sobre ti.

Incluso algunas estrategias que hoy ya no te sirven probablemente tuvieron sentido en algún momento de tu vida.

La terapia no consiste únicamente en que alguien desde fuera te diga qué tienes que hacer. También consiste en ayudarte a descubrir los recursos que ya existen en ti, fortalecerlos y encontrar nuevas formas de utilizarlos.

A veces esos recursos llevan tanto tiempo escondidos bajo el miedo, la ansiedad o la inseguridad que hemos dejado de verlos. Pero siguen ahí.

Cuando la ansiedad no necesita otra técnica más

Una persona puede conocer cinco técnicas de respiración, haber probado meditación, escuchar audios de relajación y saber perfectamente qué es la ansiedad. Y seguir teniendo ansiedad. No significa que esté haciendo algo mal.

Quizá necesitamos dejar de preguntarnos únicamente «¿Cómo hago para que desaparezca?» y empezar a preguntarnos «¿Qué está intentando decirme?».

A veces detrás de una reacción actual encontramos experiencias anteriores, aprendizajes, miedos o situaciones que nuestro sistema todavía vive como importantes. Desde modelos terapéuticos como EMDR podemos trabajar con esas experiencias para comprender por qué determinadas situaciones siguen activándonos en el presente.

El objetivo no es darte una instrucción para que nunca vuelvas a sentir ansiedad. Es ayudarte a comprender qué ocurre y favorecer que puedas responder de una manera diferente.

La terapia no debería hacerte dependiente del terapeuta

Para mí, este es uno de los aspectos más importantes de cualquier proceso terapéutico. El objetivo no es que cada vez que ocurra algo tengas que pensar: «¿Qué me diría mi psicóloga que hiciera?» o «Necesito esperar a mi próxima sesión para saber qué hacer.»

Algo va cambiando cuando empiezas a preguntarte: «¿Qué necesito yo ahora?»

Cuando empiezas a reconocer tus límites. A escuchar tus emociones. A comprender tus reacciones. A confiar más en tu propio criterio.

El terapeuta puede acompañar, ayudar a comprender, señalar caminos, enseñar recursos y trabajar aquello que sigue generando sufrimiento. Pero no puede vivir tu vida por ti. Y tampoco debería intentarlo.

Quizá la herramienta eres tú

Puede que hayas llegado a terapia buscando una caja llena de herramientas. Y seguramente encontrarás algunas. Pero quizá descubras algo mucho más importante.

Que la terapia no consiste solo en aprender qué hacer cuando vuelvas a sentirte mal. Consiste también en conocerte lo suficiente para poder escucharte, comprenderte y confiar cada vez más en tus propios recursos.

Porque las herramientas más importantes no siempre vienen de fuera. Muchas ya estaban dentro de ti.

A veces solo necesitamos un espacio seguro para poder encontrarlas. Y aprender a utilizarlas.

Si quieres comprender lo que te ocurre, podemos mirarlo juntas.

En consulta trabajamos con EMDR para entender por qué reaccionas así y descubrir los recursos que ya hay en ti.